Jun 30, 2016

El poder de la palabra

Escuchamos con bastante frecuencia lo poderosas que son nuestras palabras, pero no siempre prestamos absoluta atención a lo que decimos. Por eso hoy les quiero recordar de nuevo el poder de la palabra en cuanto a lo que decimos a los otros y de los otros.

Cuando hablamos con otros tenemos que ser muy cuidadosos de que aquellos comentarios que estamos emitiendo sean empoderantes, más si la persona a la que nos estamos dirigiendo nos tiene en alta estima, pues es probable que lo que decimos sea tomado como una “verdad” para esa persona, aunque no lo sea. Veamos el caso de los niños por ejemplo, muchas de las cosas que los adultos les dicen a los niños en momentos de frustración, ni siquiera ellos mismos las consideran como ciertas, pero para un niño puede que sea una frase que escuche con tanta frecuencia que la tome como cierta y se convierta en una creencia limitante con la que cargue el resto de su vida; aunque la mala intención esté bastante fuera del panorama cuando la persona esté hablando.

Considerar nuestras palabras antes de hablar es algo que debemos hacer siempre, pero mucho más cuando nuestro estado emocional está alterado, pues es muy probable que digamos cosas de las que nos podemos arrepentir.

Si nosotros somos los oyentes, es importante que cuestionemos aquellos comentarios que no nos empoderan, vengan de quien venga, tenemos el deber de filtrar todo aquello que decidimos creer.

Por otra parte, cuando hablamos de los demás de manera negativa, pasan dos cosas. Una toda esa negatividad que estamos esparciendo ante otros de lo que pensamos de alguien más, indiscutiblemente nos va a ser regresada de alguna manera, no hay forma de que no sea así, la Ley de causa y efecto es inevitable o como dicen en inglés “karma is a bitch”. Entonces ¿para qué perder energía vital en hablar mal de otros, cuando hay tantas cosas importantes por hacer en el mundo? Lo segundo que pasa cuando hablamos mal de otros es que eso que decimos, habla más de nosotros mismos que de ellos, así que piensa muy bien la próxima vez antes de emitir un juicio sobre alguien más.

Somos humanos y aunque hayamos cometido algunos de estos errores en el pasado, lo importante ahora es tomar conciencia y experimentar nuevos cursos de acción. Haz un acto de constricción y en tu mente pide perdón a todas las personas que de alguna u otra forma has podido afectar queriendo o sin querer y ten el propósito en adelante de medir tus palabras antes de emitirlas.

Ya para finalizar, les dejo este viejo refrán de las abuelitas “si no tienes nada bueno que decir, no digas nada”.

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